Como muchos españoles, me he criado con la sensación de que mis actos debían de responder a un modelo de conducta que aprendí en la familia y en la escuela.
En concreto, fue la escuela la que me enseñó a admirar a determinados héroes o heroínas y a encorsetar a los países en unas fronteras determinadas y en unas trayectorias e ideales determinados: La historia de los buenos y los malos.
¡Ojo! la escuela me enseñó muchas más cosas.
De Portugal apenas me hablaron en la escuela. Mucho de Francia, de Inglaterra, de Alemania..., pero muy poco de nuestro vecino país.
Fue a la edad de diez años, viendo cómo determinados señoritos elegían en la plaza de mi pueblo a los segadores para esa jornada, cuando tuve curiosidad por saber más cosas.
En el centro de la plaza se mezclaban segadores castellanos, murcianos y portugueses.
Así empecé a hacerme preguntas y a mirar el mapa de Portugal.
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