Foro de debate sobe el iberismo. Casimiro Sánchez.
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El ciclo de la tierra es maravilloso. Llevo varias semanas cogiendo calabacines en el huerto. Ya he arrancado las patatas de primavera y ha coloreado el primer tomate.
La naturaleza nunca engaña. Todo en ella es posible y previsible. A pesar de las sequías, el pedrisco, o las miles de miradas al cielo de los agricultores, y de todas las contingencias habidas y por haber, el verano madura los frutos y todo siempre es igual.
En el hombre, por el contrario, los finales de ciclo son siempre dramáticos. Es como si una fuerza repulsiva nos obligara a dar la espalda a la fría realidad que tenemos delante o como si una pantalla artificial nos impidiera ver lo más inmediato. Incluso en casos como el mío, que ya antes de mis últimas elecciones había manifestado la intención de abandonar el cargo cuanto antes, la sensación de final de ciclo se hace cuesta arriba. Pero no se crea que es por egoísmo personal la mayoría de las veces, sino por el miedo de que tu edificio se derribe sin remedio.
Y, sin embargo, los cambios de ciclo están ahí, y esa realidad sólo la cambia el tiempo o el destino, podría decir el trabajo y la coherencia, pero, a veces, ni siquiera el mayor de los esfuerzos puede parar las tendencias.
Felipe González tuvo su fin de ciclo, Aznar, también. Y la debacle socialista en estas últimas elecciones se resume en estas palabras: Fin de ciclo.
Los ciudadanos, que también se equivocan, pero que salvo los primeros momentos en los que una palabrería cautivadora, unas promesas ilusionantes, o la hábil utilización de medios de comunicación de masas afines puede engañarlos momentáneamente, reaccionan siempre simplificando toda la complejidad de la acción política y ponen en marcha ese cerebro colectivo que coloca siempre las cosas en el sitio correcto.
El Partido Socialista vive ya un cambio de ciclo a todos los niveles, municipal, regional y nacional, y tiene dos caminos: El que emprendió de Partido Socialista Italiano o el de un partido nacional español que aprenda de los errores y abandone el federalismo.
El mayor error cuando termina un ciclo es no aceptarlo y no darlo por natural, y lo inteligente es ponerse con ilusión a trabajar para reiniciar al cabo de unos años, por qué no, un nuevo ciclo con nuevos bríos.
La experiencia me ha demostrado que el que entra debe actuar con generosidad para no aumentar la natural tensión y las inevitables dudas y complejos del que se marcha voluntariamente, y que el que después de dejarse la piel en el tajo da paso a un nuevo proyecto, debe evitar que su actual estado anímico le lleve a adoptar conductas inquisitoriales, propias de otras épocas de sumisión y vasallaje, y, por el contrario, trate de buscar una imagen, un referente de última hora que sea una advertencia moral para los que llegan y que les ilumine y les enseñe a respetar lo que encuentran. Casimiro.

2011-06-30, 10:16 | 1 comentarios

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De: Mariano Rodriguez Diaz Fecha: 2011-08-01 16:40

CAMBIO DE CICLO EN EL PSOE
Renovacion generacional de personas.

De la historia y no de la especulación metafísica hemos aprendido, que cuando un partido lleva demasiados años seguidos gobernando, como era el caso del PSOE en Castilla-La Mancha, se multiplican las posibilidades de que la burocracia, los intereses personales y de grupo, el protagonismo, el clientelismo, el conservadurismo, el rodillo, la prepotencia, la altanería, el considerar las instituciones como una finca propia, el alejamiento de la realidad social, el interes del partido antes que el de la gente, etc, vayan haciendo mella y deformando para mal la conducta política de las personas instaladas en los núcleos del poder institucional y, por ende, la conducta del poder mismo como tal.

Pensad si no, compañeros y compañeras, en el grado de degeneración política que alcanzaron los largos periodos de gobernanza de las democracias populares de los partidos únicos del este europeo, o el revolucionario PRI mejicano, o la Democracia Cristiana italiana, o el partido de Arafat en Palestina. Pensad, en que importante medida había afectado algunos de estos nocivos componentes del PP en Galicia o a Convergencia i Unió en Cataluña. Pensad tambien, cuantas de estas malas artes empezaron a incubarse en el PSOE y en el PP cuando gobernaron nuestro pais más de una legislatura con mayorías absolutas.

Piensad, en como andaban y andan las cosas en las largas gobernanzas del PSOE en Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha. Demasiados datos históricos y demasiado apabullantes, como para no aceptar como una ley inexorable que todas las largas gobernanzas, sean del signo político que sean, acaban degenerando y arruinando los nobles fines que al principio pudieran tener los partidos que las han sustentado. No sabríamos leer la historia ni sacar conclusiones para el caso que nos ocupa, si creyéramos que
los partidos políticos y sus dirigentes cayeron en la indignidad política, porque ya la traían incubada desde el principio.

Nada eso, al contrario, muchas de las fuerzas que describo, accedieron al poder por medio de las urnas, con propuestas sinceras, con inquietudes reales en sus dirigentes para conectar con el sentir de la gente y llevarlas a feliz término, con unas maneras de gobernar humildes, democráticas, participativas y respetuosas con la ciudadanía. .

Es despues, a lomos de un poder que se va perpetuando más de la cuenta, cuando esos dirigentes y su política se van trasformando a peor hasta quedar irreconocibles. Es entonces, cuando el partido va dejando de verse como un medio y se va convirtiendo, poco a poco, en un fin en sí mismo.

Es entonces, cuando la permanencia en el cargo político deja de concebirse como una actividad temporal y se piensa en perpetuarse y en hacer de la política el medio de vida por el mayor tiempo posible. Es entonces, cuando la fuerza de la razón, se va suplantando por la fuerza del poder. Es entonces, cuando se empieza a pensar más en el cargo y en el medre personal, que en los intereses de la gente. Es entonces, cuando se van tejiendo los enchufismos, los clientelismos y el pesebrismo. Y es entonces, en definitiva, cuando van penetrando en los dirigentes, en el partido y en las instituciones que gobiernan las malas artes políticas.

La historia no solo prueba que las largas gobernanzas han acabado degenerando siempre a los gobiernos y a los partidos que las han practicado; si no que cuando ocurre, no son capaces de rectificar nunca desde el poder y solo son susceptibles de regeneración cuando la sociedad los desaloja del poder y los manda a la oposición. Sin embargo, no tendría por que ser asi; debería ser posible que una fuerza política permaneciera en el poder todos los años que quisieran refrendarla los electores, sin que, por ello, tuviera que caer en las malas artes de la política.

Debería ser posible poder evitarles a los tradicionales electores de estas fuerzas la disyuntiva de no votarles por el hedor político que trasmiten o tener
que votar con la nariz tapada. Debería ser posible y lo es, porque soluciones, hay:

Bastaría con renovar cada ocho años a lo más tardar a todos los dirigentes políticos de los partidos y con que no repitieran como candidatos a las elecciones municipales, autonomicas y generales, nadie que ya hubiese estado ocho años en cualquiera de ellas. En su lugar presentar candidatos nuevos, que no tengan otros compromisos que los de servir a la gente que representan y a su propia conciencia, candidatos que introduzcan aire nuevo e ilusiones frescas, candidatos conectados con los deseos y los intereses colectivos de la sociedad, candidatos desprovistos de los malos habitos y manejos que se adquieren con la prolongación del tiempo en los cargos.

Claro está, que esto requiere una altitud de miras que: o se imponen estatutariamente en los partidos o nunca se cumplirían, ya que pedirles que renuncien a la reelección a los cargos que en ese momento están gobernando y que además tienen mando en el partido, para que den paso a otros nuevos, es como pedirle peras al olmo.

En definitiva, ninguna fuerza que se preocupe de cuidar su salud política y que lleve dos legislaturas seguidas en el poder, debería permitirse abordar una tercera con las mismas gentes y arrastrando las remoras y malos habitos, que se hayan podido ir engendrando en ese tiempo.

Muy por el contrario, tendría que ser la primera interesada en renovar sus cargos con gente nueva, incluidos los del partido, que es la única vacuna imaginable, con la que impedir las tendencias políticas deformadoras, que germinan al amparo de un poder prolongado.

Por desgracia, nunca se utiliza esta vacuna, ya que se acaban imponiendo los intereses personales de quines sustentas los cargos y, quienes primero pagan el pato son los propios ciudadanos; pero lo paga tambien la propia política, que pierde su mejor imagen y lo paga, a largo plazo, el partido que la practica, que se deja en el camino jirones de su buena reputación difícilmente recuperables.

En este caso, la renovación que, a mi juicio, necesita el PSOE de Castilla-La
Mancha es total, es de refundar el partido y las ideas, es la de darles voz y participación en las decisiones a todos los militantes y organismos del partido, es la de retornar a la humildad y a la reconciliación con la ciudadanía, escuchando sus demandas y pidiendo perdón por todas las prepotencias y altanerías exhibidas, es la de ser conscientes de una puñetera vez, que la sociedad civil y sus asociaciones tambien existen y que su relación con ellas ayuda a relacionarse mejor con la ciudadanía y con sus problemas, es la de hacer un programa nítidamente socialdemócrata para Castilla-La Mancha, con profundas diferenciaciones en las áreas más deprimidas y despobladas a fin de atajar los desequilibrios y no acabar con comarcas enteras, es la de jubilar a todos los que representan la antítesis de esta profunda renovación, o séase, a todos los dirigentes actuales, es la de poner gente nueva al frente del partido para que la ciudadanía pueda visualizar que hay un cambio real y, de ese modo, poder volver a ganar la confianza de todos sus potenciales votantes.

Tambien necesitamos ese cambio en el PSOE, los que nos consideramos a su izquierda o por delante, pero de ello, ya hablare en otro momento, que hay que mucho que decir sobre este desganado y desconcertado segmento de la sociedad y, sin embago, necesario.




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