Foro de debate sobe el iberismo. Casimiro Sánchez.
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Angela Merkel, la Agustina de Aragón de esta crisis, pero en rico, desde murallas más sólidas y mejor armadas, nos aconseja a los españoles que vendamos el oro, que hagamos almoneda con el resultado del esfuerzo de varias generaciones.
El oro, la reserva de un País, es parte de su alma. Ningún ciudadano llega a ver el oro de su país, pero siente una sensación espiritual de gozo, parecida a una livitación, cuando se imagina esos enormes sótanos del Banco de España repletos de lingotes dorados y refulgentes.
Las consignas de Alemania, siempre Alemania, quitan más la fe que la visita del Papa -que ya es quitar-.
Porque no habrá pueblo en el mundo que haya penado tanto por su oro como el español, bueno, el portugués.
Tiene muy mala suerte nuestro oro. El oro que españoles y portugueses robábamos en las américas y en la India no nos sirvió para ser más fuertes, todo lo contrario. Los campos se despoblaron, la industria emigró. Españoles y portugueses nos fuimos a hacer las américas mientras la riqueza de siglos de la Península Ibérica: el campo, la pesca, la artesanía, la propia familia se rompía en pedazos.
Del oro de América y otros lugares no quedó nada más que mucho odio, sangre de batallas inútiles, deudas históricas, decadencia.
Tampoco tuvimos suerte con el oro de la República. Lo malgastamos en armas para defendernos de nosotros mismos. Para disparar a padres, hermanos, familiares que contestaban con fuego desde las trincheras de enfrente.
Algunos han dicho que el oro sirvió para defender la República. El Gobierno de la República huyó cobardemente de Madrid los primeros meses de la contienda dejándolo a merced de comunistas y anarquistas enfrentados entre ellos. "La República no se la cargó Franco, la habíamos minado nosotros antes con tanta división", decía mi padre, que tragó la dinamita de todos los frentes, desde Somosierra hasta Peñarroya al final.
Una de las cosas que mi padre no podía entender era que el propio Largo Caballero, que era el más revolucionario de toda la UGT, también se marchara a Valencia, y que enviara un convoy a Madrid para que se llevasen la vajilla del Ministerio de la Guerra, era por lo menos paradójico mientras se luchaba encarnecidamente en las afueras, mientras Durruti daba la vida en la Ciudad Universitaria. ¡Guardianes de los tesoros de España!
Y, como éramos pocos, la Sra. Merkel reabre la herida del oro y nos aconseja, que es lo mismo que ordenar, que nos desprendamos nuevamente de ese amarillo espiritual que serena nuestras noches después de los vendavales diurnos de la bolsa. El fruto del ahorro desde los años cuarenta de tantos pescadores de bajura que exponían su vida diariamente, de tantos mineros muertos de silicosis e hidrargirismo, de maestros que pasaron hambre, de campesinos agotados por el sol continental con una hoz en la mano y los dediles ensangrentados. Porque el oro de España, y el de Portugal, no es oro de los gobiernos, es el oro del pueblo que huele a sudor y esfuerzo, es de nuestras abuelas y nuestras madres que se inmolaban por sus maridos y por sus hijos quitándose el pan de la boca para que lo comieran ellos.
¡Cómo le decimos a nuestros antepadados que otra vez se llevan el oro de España! Que se llevan sus energías más puras, que se llevan parte de su única creencia que era la Patria.
¡Portugal y España, queremos tocar, sentir, levitar de patriotismo, no os alejéis demasiado! Casimiro.

2011-08-09, 19:03 | 1 comentarios

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Comentarios

1
De: santi Fecha: 2011-08-19 19:16

QUE VERDADES Y CONQUE RAZON .SANTI




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