Foro de debate sobe el iberismo. Casimiro Sánchez.
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Sólo creo en un revolución posible, la que lleva como uno de sus lemas más irrenunciables el estudio y el esfuerzo. Ambos requieren de la critica, de manera que me molesta que me riñan por las faltas de ortografía y de léxico, esclavo, etc.
La revolución, como actitud del escritor, es al principio ideal e ingenua, luego pasa a una fase de imposición y radicalidad para poder mantenerse, y si no obtiene frutos inmediatos termina decepcionando, como a los autores cuando van por la página cien y comprueban que han construido un entramado de historias y personajes de tal envergadura que les supera e induce al abandono.
Ahora tenemos el inicio de una revolución pura y pacífica que imita el modelo de democracia ateniense, salvando muchas diferencias. Lo explica maravillosamente el profesor de filosofía Carles Ferrer i Panadés en un brillante artículo, "La democracia en sus orígenes". "Democracia, dice, es que cualquier ciudadano, como en Atenas, deba poder gobernar. No se trata de que pueda gobernar tal ciudadano sino cualquier ciudadano, que sea demócrata en la medida en que actúe como si el gobernante no fuera él, sino un mero ciudadano, todos y nadie al mismo tiempo, abstrayéndose y despojándose de sus intereses y particularidades. El pueblo es efectivamente alguien siempre y cuando no sea nadie. Gobierno del pueblo significa gobierno de nadie".
D. Salvador Gutiérrez, Coordinador de la nueva "Ortografía" de la Real Academia, nos enseña también que la lengua es pura democracia. Luego no habrá gobierno del pueblo sin la lengua. "Hay que practicar. Y aún así..."
A la Plaza del Sol de Madrid le llamam "El Ágora", porque en ella el pueblo, a través de la lengua, que es democracia, intenta volver a los orígenes de la democracia: "Que cualquier ciudadano, por muy humilde que sean él o su barrio, utilice el lenguaje común para hacerse oìr y entender, y así ser sujeto activo de la democracia en el día a día y no sólo cada cuatro años".
El Ágora de nuestras plazas públicas está en la fase inicial de todas las revoluciones, la del estudio y aprendizaje, es decir, la del entusiasmo. Si yo dijera que ese es el ritmo o que quedándose ahí se mantendría eterna e insustituiblemente, se me tacharía de tibio, pero el éxito de las revoluciones es hacerse imprescindibles, en dar oportunidades, como dice Carles Ferrer, a todos sin que eso merme su ser participativo. Y cuando las revoluciones se convierten en alternativas de Gobierno es inevitable que las distancias con el Agora se acentúen cada vez más, y el lenguaje común se fragmenta y cambia de lugar terminando en los parlamentos donde las ideas del pueblo tienen su gramática propia y su ortografía académica.
Si después de Grecia los ciudadanos del mundo le hubieran dado al lenguaje su importancia y hubieran hecho del ágora y no de la taberna su lugar de reposo, otro gallo le hubiera cantado a la humanidad.
La religión sí creó su propio lenguaje, y el confesionario -información, psicología, perdón de la culpa...-, fue su nudo de amarre. Ahora lo es su red misional.
Si Portugal y España en vez de las armas hubieran utilizado el lenguaje ahora estaríamos al mismo nivel que Alemania y Francia. Portugal sube el IVA del 6 al 23%, y Francia desparrama la fruta española en una frontera que es europea.
Pueden avanzar las revoluciones ciegas, como avanzaron Homero y Borges, pero nunca tendrán futuro las sordas o mudas. Casimiro.

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2011-08-18, 10:37 | 1 comentarios

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Comentarios

1
De: Carles Ferrer Fecha: 2011-08-18 17:20

Muchas gracias por tu apoyo, Casimiro.
Carles Ferrer.




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